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Alexis Murillo Tsijli

Contenido variado, desde finales artísticos, pasando por artículos históricos y punzantes análisis del entorno, hasta temas complejos de estadísticas de Elo y más.

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UNA ANÉCDOTA QUE VALE MIL PESOS

Publicado por en en Comisión de Archivo, Historia y Estadísticas
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UNA ANÉCDOTA QUE VALE MIL PESOS

Por Alexis Murillo Tsijli

Maestro Internacional de Ajedrez

            La familia Soley es célebre en nuestro país porque ha dado muchos de sus hijos al servicio de la Patria.  Algo que pocos recuerdan es que también fueron muy aficionados al ajedrez.  Entre ellos, el más reconocido por su pasión a las sesenta y cuatro casillas fue Jaime Soley, quien llegó a conquistar el Campeonato Nacional de 1948, al ganarle el encuentro final de diez partidas nada menos que a don Rogelio Sotela.  Pero Jaime Soley no fue el primer ajedrecista de su familia, como podremos apreciar seguidamente.

 

            Resulta que en los tiempos en los que Alfredo González Flores era Presidente de la República, Rogelio Fernández Güell y Tomás Soley Güell tenían el periódico El Imparcial.  Las medidas que en aquellos tiempos tuvo que imponer el presidente no fueron nada populares, a pesar de ser realmente visionarias.  Las necesidades de la realidad nacional e internacional (se desarrollaba la Primera Guerra Mundial), obligaban al gobernante a imponer sacrificios al pueblo.  Desde el periódico, Rogelio y Tomás apoyaron al gobierno, por considerar que estaba haciendo lo correcto.  Pero era tal la impopularidad de Alfredo González Flores, que su propio Ministro de Guerra, Federico Tinoco, lo derrocó, imponiendo así la dictadura en Costa Rica.  Desde El Imparcial, Rogelio y Tomás pasaron entonces a atacar a la tiranía.

            En poco tiempo, estos escritores se habían ganado tal enemistad con los Tinoco, que se dio la orden de arrestarlos.  Llegó la policía a arrestar a Tomás Soley, pero los guardias no encontraron a su primo, por lo cual tuvieron que irlo a buscar a otros lugares.  No lo encontraron, porque el hijo de Tomás, por orden materna, fue a dar noticia de lo sucedido a Rogelio, con la recomendación obvia de esconderse.

            Cuando llegó Tomás Soley a la cárcel, no encontró ningún lujo en el lugar.  Un catre y un banco era lo único que adornaba la celda.  En pocos días, el preso tuvo oportunidad de entablar amistad con el joven guardia que estaba encargado de vigilarle (buen par de ticos).  Para pasar el rato, Tomás enseñó a jugar ajedrez a su carcelero y comenzaron a tener enfrentamientos apasionados que duraban horas y horas.

            Mientras Tomás "sufría" todos los tormentos del encierro, Rogelio no se quedó con los brazos cruzados.  Se refugió en la Parroquia de Curridabat, donde el cura, de origen español, era contrario al régimen de los Tinoco.  Desde allí, se planeó la insurrección.  Días más tarde, el insigne poeta y periodista tomó rumbo a Puntarenas, para atacar el puerto por sorpresa.  Pero el gobierno estaba al tanto de los planes rebeldes, por lo que emboscó a los revoltosos antes de que llegaran a Puntarenas.  No quedó otro camino que la huida, rumbo a Panamá.  Pero antes de llegar al vecino del sur, Rogelio y sus compañeros de armas fueron masacrados por las tropas gobiernistas.  Esta masacre provocó que las protestas en todo el territorio nacional se multiplicaran contra los sátrapas, situación que desembocó en el asesinato de Joaquín Tinoco y la despavorida salida del país de Federico Tinoco con rumbo a Francia.

            Entre tanto, ¿qué pasó con nuestro Tomás allá en la cárcel? Pues que recibió un día de tantos la visita acostumbrada de su joven carcelero, a eso de las dos de la tarde, quien le retó de inmediato a una partidita de ajedrez.  Como en aquella época no se acostumbraban los típicos pimponcitos de nuestros días, sino bien meditadas batallas, la sesión duró hasta las once de la noche, momento en el cual Tomás ya cansado se excusó con su cancerbero y lo despidió para poder dormir.  Ya saliendo el diligente joven dio un pasmo en la frente y se volteó vociferando "- Perdone, don Tomás, aquí tiene la Orden de Liberación firmada para usted, que llegó como a la una de la tarde.  Se me olvidó dársela antes porque me moría de ganas de jugar la última partida con usted".

Sonrieron, se estrecharon las manos y se despidieron.  Quién sabe, tal vez no fue la última partida que jugaron, porque no sabemos si alguna vez se toparon de nuevo en alguna barbería de la capital, que eran los clubes de ajedrez hace ya casi un siglo.

Antes de ser sustituidos hace unos pocos años por los actuales billetes de mil colones con la imagen de Braulio Carrillo, los billetes de ese valor mostraron por muchos años la imagen de Tomás Soley Güell.

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Maestro Internacional de ajedrez.
Varias veces campeón nacional.
Entrenador de Juegos Nacionales.
Encargado del Elo Nacional.
Escritor y articulista de temas del hoy y el ayer ajedrecístico.

Y mucho más...

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