Para competir en ajedrez, debemos tener una buena preparación en finales, aperturas, estrategia.  Pero tienen mucha razón quienes afirman que nada de eso es tan importante como la táctica.  ¿Pero a qué se refieren con esa palabra? En realidad se refieren a su sentido estricto, o sea, aplicación de temas tácticos y cálculo simple para obtener por medios violentos una ventaja decisiva inmediata.  

Puede tratarse de una simple maniobra para terminar de dar mate, por lo cual no siempre se trata de una combinación. También puede tratarse simplemente de identificar que una pieza puede con una jugada establecer una doble amenaza.  O sea, se trata de la táctica más simple.  Sin embargo, de esa táctica simple se debe pasar a una un poco más elaborada.  Se trata de tener la capacidad de encontrar los motivos que nos permitan realizar combinaciones, aunque se trate de combinaciones relativamente simples.

La literatura de ajedrez probablemente es sobreabundante en ejercicios de este tipo, pero en realidad nunca sobran.  Entre más familiarizado está un ajedrecista con los motivos y el cálculo de combinaciones, es mucho más fácil profundizar en el estudio de aperturas, estrategia y finales.  Por decirlo de alguna manera, la táctica es la expresión concreta de cualquier idea abstracta en ajedrez.

Una combinación la define Botvínnik como una secuencia forzada de jugadas en las que el bando activo realiza al menos un sacrificio, para obtener un resultado positivo.  Todos los ajedrecistas hemos caído víctimas de la inspiración de algún adversario. Pero también todos hemos tenido nuestro "día de gloria".  La satisfacción de realizar una combinación, siempre es muy alta, aunque esta sea muy fácil o simple.

Vamos a ofrecer un ejemplo de una combinación que se basa en el aniquilamiento de las piezas del adversario.  Pocas veces se ve una combinación de este tipo, que es relativamente más común en la composición de estudios.  En este caso, la víctima fue Bernal González Acosta, nuestro actual campeón nacional de ajedrez.  La partida se jugó en 1990, tiempo en el que Eugenio Chinchilla estaba entre los principales jugadores del país, probablemente su punto más alto.  Bernal González estaba en el proceso de su brillante ascenso que lo llevaría a obtener el título de Maestro Internacional dos años después.

Nos alegra ver que los éxitos recientes de Eugenio Chinchilla lo están acercando nuevamente al Olimpo del ajedrez costarricense.  Su empuje debería servir de ejemplo para jugadores muy jóvenes que todavía no dan pasos decididos para avanzar.

Juegan las negras y realizan un devastador sacrificio de dama, que desata la furia del caballo negro. La respuesta es...

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