En los tiempos que corren, es aguda la obligación de los jugadores de aplicarse a fondo en el cálculo concreto.

En el estudio de aperturas, el conocimiento de variantes muy variadas y concretas es un reflejo de este enfoque.  En el medio juego, hasta las posiciones más simples donde algunas recomendaciones generales pudieran tener alguna utilidad, el cálculo concreto emerge aunque sea para asegurar cierta precisión en las decisiones.

El final de partida es la etapa en la que más se cae en el error de tomar decisiones basadas en consideraciones generales. No se crea que estoy afirmando que estas consideraciones no tienen ningún valor.  Por el contrario, pueden servir de guía y facilitar el cálculo.  Pero definitivamente, el hecho de que el material sea más reducido lo que hace es agudizar la necesidad de que las decisiones sean tomadas con base en variantes bien calculadas y probablemente más largas que en el medio juego. La tendencia no es nueva.  General en la práctica de torneos internacionales probablemente desde los años setentas.  Ya se perfilaba su necesidad incluso en las partidas de las primeras décadas del siglo veinte.

Pero hay un período, entre el segundo lustro de los años ochentas y el primero de los años noventas, en el que la tendencia se hizo más que evidente.  No se debe exactamente a la aparición de módulos de análisis, aunque eso haya facilitado las cosas.  Es simplemente que los métodos de entrenamiento ya se habían perfilado en esa tendencia y había suficiente literatura con partidas comentadas y con ejercicios más numerosos y mejor diseñados.

El mismo Mark Dvoretsky, considerado por mucho tiempo como el mejor entrenador del mundo, en sus valiosos libros llenos de consejos, generalizaciones y frases de "sabiduría convencional", insistía hasta la caer en la necedad en la utilidad de calcular con profundidad y precisión.

En ese orden de cosas, los Informadores, antes de ser superados por las bases de datos y los motores de análisis, eran el reflejo de esa ideología.  Y muchos jugadores que dábamos nuestros primeros pasos nos maravillavamos de los profundos análisis publicados.  Pero... también nos sorprendíamos sobremanera de los errores en que incurrían sobresalientes grandes maestros y maestros internacionales.  Evaluaciones incorrectas, variantes truncadas antes de tiempo, variantes sin sentido y ceguera ante golpes tácticos triviales.

Quisiera poner un ejemplo, desempolvando un poco mi biblioteca, de uno de esos casos que me impactaron.  Lo volví a encontrar un día que estaba viendo libros viejos.  Recuerdo que la primera vez que lo ví ya había encontrado algunos detalles que me hicieron pensar que los grandes maestros son tan propensos a cometer errores como todos nosotros.  Pero viendo ahora los análisis, me horroricé.  Un gran maestro hoy es cien veces más exigente en el ejercicio del análisis. El mismo Skembris, creo, retiraría los análisis publicados porque hoy los haría mil veces mejor.

En todo caso, para nuestros fines, quiero llamar la atención sobre la forma superficial y llena de prejuicios con que conducimos los finales de partida. Hoy publicaré los análisis de este corto pero intenso final. En futuras entregas, buscaré algunos ejemplos de la práctica reciente de nuestro país.